BIENVENIDO/A

Espacio de relajación y reflexión, el diván tiene sus orígenes en la antigüedad al discurrir a largo de las paredes de las viviendas romanas más acomodadas y constituir en la arquitectura palaciega islámica una estancia privada común para el reposo y el deleite.

"El diván de Nur" viene a ser un lugar virtual para la catarsis que provocan enclaves, historias, vidas, ciudades, sitios y paisajes del mediterráneo.


Una mirada introspectiva, retrospectiva y exploratoria por al-Andalus, el Magreb y la diversidad cultural del Mare Nostrum de una historiadora en permanente búsqueda

sábado, 10 de noviembre de 2012

Córdoba y Qayrawán. Las calles abrazadas

Llegando a barakat sahel a tomar un louage, uno vuelve a tomar contacto con la realidad tunecina.
Imprevisiblemente siempre sucede algo o hay alguien que permite dar con tu destino de manera inmediata. Sin reloj y sin prisas, sin miedo a nada, me aventuro a deslizarme por caminos que transforman mi trayecto en una inolvidable experiencia.

Da igual que el vecino de asiento lleve las uñas algo sucias o que la tapicería del coche esté despellejada. Envuelta en una atmósfera de fonemas árabes y ante un transcurrir intermitente de olivos y predesierto, abro los ojos ante las puertas de Qayrawán.
Animada e inundada por el caos circulatorio, mi taxi rodea la Plaza de los Mártires de la que parte la avenida Córdoba, un kilómetro de lienzo amurallado abierto por un par de puertas.

Qué casualidad que al final de la calle kairuán de Córdoba haya también un “Campo Santo de los Mártires”.Igual que las murallas occidentales de la medina cordobesa, toman la calle Kairouán, pienso en ambas ciudades hermanadas, en ambas vías.

La calle Kairuán en Córdoba, reformada en los años cincuenta del siglo XX, dulcifica el paseo del viandante cuyo caminar transcurre entre jazmines y sonidos del agua en un fluir albercas escalonadas. Pantallas que invierten la imagen de un vetusto lienzo coronado con merlones y almenas sobrevoladas por tórtolas, mirlos y gorriones. Y tras evocar esa imagen de Córdoba en mi memoria, vuelvo en sí para disfrutar de mi estancia en Qayrawán. Por la avenida de Qurtuba ( Córdoba) y a los pies de similares murallas, no hay albercas pero sí una calzada que da alimento a veloces taxis, ciclomotores, autobuses urbanos, viejos motocarros y bicicletas cargadas de pan y otros enseres. 
Advierten, pues del bullicio que nos espera al adentrarnos en la propia medina tunecina. A ambos lados, un sol sin tregua proyecta cornisas y merlones semicirculares. De pronto pienso en dos calles entrelazadas en lugares diferentes.

Una recuerda a la otra, la otra recuerda a la una hasta transmutarse en una sola fundida en un abrazo.